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Tessy López Goerne, la mexicana de la que todos deberían estar hablando.

  • Foto del escritor: Denken & Bloom
    Denken & Bloom
  • 2 mar
  • 3 min de lectura

Por Karla Loranca


Tessy María López Goerne casi nunca aparece en la tele, las noticias o en ningún titular, pero su trabajo podría cambiar la forma en que se tratan enfermedades tan serias como el cáncer cerebral y el pie diabético. Esta fisicoquímica mexicana, nacida en Guanajuato en 1961, se especializó en estado sólido, nanotecnología y nanomedicina, y fundó el laboratorio de Nanotecnología y Nanomedicina en la UAM Xochimilco en 2005, desde donde lleva décadas “diseñando” materiales a escala nanométrica para aplicarlos directamente sobre el cuerpo humano. Hoy dirige laboratorios tanto en la UAM como en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, y es investigadora nivel III del SNI, el nivel más alto del sistema mexicano.


Su gran apuesta se llama nanomedicina catalítica: en lugar de usar fármacos clásicos que circulan por todo el organismo, diseña nanopartículas que se comportan como biocatalizadores dentro del cuerpo, acelerando reacciones químicas justo donde se necesita. Ha desarrollado nanopartículas y nanocatalizadores usando como base el óxido de titanio (o titania), sílice, platino y cobre, capaces de liberar medicamentos de forma controlada en el sistema nervioso central y de atacar tumores malignos respetando el tejido sano. Uno de sus objetivos más ambiciosos fue el glioblastoma multiforme, uno de los cánceres cerebrales más agresivos: tras diez años de estudios consiguió un bionanocatalizador experimental capaz de infiltrarse en estos tumores y dañar selectivamente las células malignas.


Su invención más tangible, y quizás la más urgente en materia de salud pública, es el NanoGel para pie diabético y heridas crónicas. Se trata de un gel con nanopartículas de cobre soportadas en titanio y sílice que desinfecta, oxigena y acelera la cicatrización de lesiones muy difíciles de cerrar, como úlceras por diabetes, varices, presión o heridas quirúrgicas infectadas. Según los reportes más recientes, más de 10 000 personas, y en total unos 25 000 pacientes mexicanos, han sido tratados con este NanoGel en el marco de ensayos y protocolos clínicos.


Aunque el nanogel está patentado en México, Estados Unidos y Canadá, su historia ilustra bien las tensiones entre ciencia local y burocracia. En México el protocolo clínico se completó, pero el intento de obtener registro sanitario ante COFEPRIS se convirtió, en palabras de la propia inventora, en una “viacrucis de papeleo”, lo que ha frenado su uso comercial en el país. Este caso es por demás extraño, pues la COFEPRIS no suele tardar más de dos meses en otorgar registro sanitario. En paralelo, un grupo canadiense vio el potencial, creó la empresa Nanotess Company y llevó el producto ante Health Canada, que lo autorizó en 2022; hoy el nanogel se utiliza ya en hospitales canadienses mientras en México sigue atrapado entre expedientes y trámites.


Además de su impacto clínico, Tessy López ha construido una verdadera “escuela” de nanomedicina en México. Ha formado directamente a unas 80 personas especialistas y colabora con equipos de 13 países, trabajando en aplicaciones que van desde enfermedades neurodegenerativas (epilepsia, Parkinson) hasta infecciones virales como la influenza A H1N1. Ha publicado más de 200 artículos científicos y es coautora de varias patentes.


Si su nombre no es tan conocido como el de otras figuras públicas, no es por falta de logros, sino porque su trabajo ocurre en la frontera entre la química de materiales, la medicina y una estructura institucional que aún no sabe bien qué hacer con innovaciones tan disruptivas.


En un país donde la diabetes y el cáncer están entre las principales causas de muerte, tener a una científica que desarrolla herramientas para salvar extremidades, reducir hospitalizaciones y, potencialmente, atacar tumores cerebrales con precisión quirúrgica debería ser motivo de orgullo cotidiano. Sin embargo, su reconocimiento público sigue siendo limitado, en parte porque la narrativa científica suele quedar sepultada bajo polémicas, recortes y la fascinación por soluciones “milagro” sin sustento. Justamente por eso vale la pena contar su historia y mostrar que en México sí se hace ciencia de frontera, que existen patentes y ensayos clínicos serios detrás de productos como NanoGel, y que el nombre de Tessy López merece ocupar un lugar central cuando hablamos de innovación médica latinoamericana.


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